Una de las consultas que más nos hacen a la hora de elaborar un proyecto de reforma de interiores, versa sobre la insonorización de los nuevos espacios. Lugares a los que se les va a dar una utilidad diferente a la que tenían y que por lo tanto, también tienen necesidades especiales como puede ser la acústica. 

Insonorizar un recinto supone aislarlo acústicamente del exterior, y lo podemos hacer en dos sentidos:

  1. Evitar que el sonido que producimos salga al exterior (evitar la contaminación acústica)
  2. Evitar que el ruido exterior penetre en el espacio y así evitamos que se distorsione el sonido de la sala.

Cabe mencionar que si se reduce el nivel de ruido en una zona, también se reduce en las zonas anexas a este espacio, y a la hora de insonorizar, hay que diferenciar entre aislamiento acústico y acondicionamiento acústico para utilizar medios técnicos según el objetivo que tenga el espacio a insonorizar. La diferencia es la siguiente:

  • Aislamiento acústico : protegemos el espacio para que el ruido exterior no entre en él.
  • Acondicionamiento acústico: mejora la propia acústica del espacio. Aquí entra en juego los materiales de la sala, la altura de techos, tipos de paredes y muy importante, realizar estudios de distintos parámetros que mejoran la acústica de la sala.

Una de las claves de la insonorización es trabajar la pared. La pared es la superficie más amplia de los espacios a trabajar y donde hay que prestar especial atención.

Y en este punto, y para dar solución a esta necesidad, es donde entran en juego los tabiques móviles acústicos, que ofrecen la posibilidad de insonorizar desde los 38db a los 57db. Todo dependerá del uso final al que se destinen los espacios.